Límites y normas en la adolescencia: lo que toda madre y padre debe saber

Estamos cansados de escuchar las típicas recomendaciones a la hora de fijar normas y límites a nuestros hijos: hacerlos partícipes en su creación, que sean coherentes y justas, que se mantengan en el tiempo, etc. Y claro que esto es importante; pero antes de esto, debe existir lo que yo llamo un «terreno trabajado».

Y es que el éxito en el cumplimiento de normas y límites pasa primero por entender quiénes somos como madre y padre, quiénes son nuestros hijos y cómo construimos una relación de confianza entre nosotros.

¿De quién estamos hablando?

Madre y padre:

Somos quienes ponemos los límites y las normas, pero también somos personas con una herencia genética que, entre otras muchas cosas, determina el carácter. Además, hemos tenido una historia de vida que ha marcado nuestra forma de ver el mundo, nos ha aportado aprendizajes, pero también nos ha infundido miedos e inseguridades. De la misma forma, aprendimos unos patrones educativos de nuestros principales cuidadores, que en la edad adulta podemos llegar a validar o a rechazar. Finalmente, también forman parte de nosotros los valores y principios que hemos ido haciendo nuestros y que, en ocasiones, defendemos a capa y espada.

Hijos e hijas:

Son quienes deben cumplir los límites y seguir las normas. También llevan en sí mismos todo lo mencionado anteriormente para madre y padre, sumado, cómo no, a las complejidades de la etapa adolescente: personas en búsqueda de su mundo interior, con necesidad de experimentar y encontrar sus propias certezas, además de los ya conocidos cambios físicos que tantos dolores de cabeza les traen.

En qué terreno nos movemos

Un terreno abonado es donde mejor se puede sembrar; de la misma manera, una relación familiar cuidada es donde los límites y las normas pueden funcionar mejor. Para lograrlo, primero se necesita crear un ambiente de confianza, que se construye escuchando (aunque los pocos momentos en los que quieran hablar sean los más inoportunos), estando presentes cada día y disponibles cuando nos necesiten, sabiendo tomar distancia cuando nos quieran un poco lejos, comprendiendo que ya no son niños pequeños y que las imposiciones o prohibiciones “a secas” no les funcionan, mostrando interés por sus cosas y ofreciendo nuestro hombro para llorar o desahogarse cuando se hayan equivocado.

El propósito de las normas y los límites

Finalmente, como madres y padres, debemos entender que nuestro papel, especialmente en la adolescencia, es acompañar a nuestros hijos e hijas hacia la autonomía y la responsabilidad. Por lo tanto, hemos de pensar que las normas y los límites les ayudan a reflexionar, decidir y entender las consecuencias de sus propios actos, porque, al fin y al cabo, cuando sean adultos, serán ellos mismos quienes deban gestionarse.

En resumen

Para que la gestión de normas y límites en familia sea efectiva, nos ayudará:

  • Entendernos como madres y padres.
  • Comprender a nuestros hijos e hijas.
  • Crear una relación familiar basada en la confianza y el respeto.
  • Ser conscientes de que estamos educando para la autonomía y la responsabilidad.

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